El día que me perdí
A mis
10 años tenia muy claro que debía aprender a tomar el bus. Vivíamos en
Chaclacayo y tenía que ir a la casa de mi abuelita Celinda, una gran mujer de
baja estatura de mirada firme y con un gran corazón, vivía en Magdalena del
mar. Entonces para tomar el bus vacío, mi mamá, Manuel mi hermano mayor y yo
fuimos a Chosica al paradero inicial del bus. Al llegar subimos y yo me senté
al lado de la ventana y mi mamá junto a mí, Manuel se sentó en el asiento de
atrás.
Mi
mamá me había dado el teléfono de la oficina donde ella trabajaba, por si me
pasaba algo. Y después de una hora de viaje llegamos a Lima a la altura del
Ministerio de educación, Av. Abancay con
el parque universitario.
Manuel
y mamá me embarcaron en bus pequeño que iba a Magdalena a la casa de mi
abuelita. Estaba nervioso, subí, y por la ventana me despedí con mi manito de
mamá y Manuel. Me senté detrás del chofer e iba mirando las calles y como la
gente caminaba muy aprisa, era un sábado por la mañana, con el papel en la mano
de la dirección de mi abuelita, le preguntaba a cada rato al cobrador, un joven
de baja estatura y medio sucio.
— ¿La
Av. Castilla de Magdalena?
— Todavía
falta chibolo.
Y
volví a preguntar después de 20 minutos y nada. Me di cuenta de que ya me había
pasado, cuando estuve al final del paradero del micro bus y el mala gracia del
cobrador ni me aviso. Estaba en San Miguel y era una zona que recién se estaba
urbanizando.
Baje y
recorrí la última ruta del micro bus y llegue a una gran Avenida de doble
sentido caminaba por la berma y estaba asustado, sudando frío y nervioso, luego
empecé a llorar desconsolado, pasaron uno diez minutos de llanto y me calme,
luego de unos minutos cruce a la vereda del frente y vi un bus grande, era el
ENATRU amarillo, La 48. Estaba en la Av. La Marina.Y recordé que ese bus me llevaba a la casa de mi Tía
Meche, gordita de baja estatura, cabello rubio, era la hermana de mi papá, ella
era Técnica en enfermería y trabajaba en el Hospital del Empleado, recuerdo
bien su casa porque varias veces pasábamos la Navidad allí en Lince. Justo se
me paso el bus. Camine hasta un paradero y espere que viniera otro.
Hasta
que llegó el bus y subí.
Y le pregunte al chofer: — ¿A dónde va?
—Se
río y me dijo: — ¿A dónde vas tú?
— A
Lince cerca al Hospital del Empleado.
— Bien,
para allá voy.
Ya
sentado en el bus detrás del chofer estaba más tranquilo. Llegue a la casa de
mi Tía Meche, toque el timbre, me abrió y se sorprendió al verme.
— ¿Qué
paso Martincito?
— Me
perdí Tía Meche, Y le conté la historia.
Justo
ya era hora del almuerzo.
Vamos
almorzar arroz con pollo.
Pasaron
las horas y no repare en avisar a mi mamá, fue algo que nunca me lo perdonaré. Cayó
la noche y se apareció mi mamá toda llorosa en casa de mi tía Meche. Mi tía le
llamó la atención de porque me había dejado ir solo a la casa de mi abuelita, a
mí me dolió mucho por no avisarle.
Luego
nos fuimos y había un taxi que nos estaba esperando afuera y el taxista le dijo
a mi mamá:
— Sra. Estuve rezando para que apareciera su
hijo.
— Gracias
señor y me abrazo muy fuerte.
Llegamos
al paradero del bus para regresar a Chaclacayo. Luego con el pasar de los años
aprendí a tomar el bus.
Al día
siguiente mi mamá me contó como hizo para encontrarme allí. El papá de un amigo
mío del colegio era policía retirado de la PIP (Policía de investigaciones del
Perú). Mi mamá le consulto cómo hacer para encontrarme a lo que el señor le
dijo:
— ¿Qué
lugar conoce más de Lima?
— Lince,
la casa de su Tía Meche.
— Ah ya,
ahí lo vas a encontrar.
Y así
fue como me halló. Gracias a Dios.
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