La Reja
Una de mis anécdotas que nunca olvidaré, es cuando tuve un accidente que casi me costó la vida. Tenía 9 años y cursaba el cuarto grado de primaria.
Todos los viernes cuando salíamos del Colegio Winnetka,
nos reuníamos a jugar fulbito con mis amigos del barrio, en mi querido
Chaclacayo.
Así, mientras esperaba a los demás, mi amigo que me
acompañaba al cual le decíamos José chiquito, porque era bien chato. Me reto a
caminar por un muro de rejas de fierro de una residencia, las cuales tenían
puntas, él se subió primero y demostró pasarlo sin ningún problema. Luego
me tocó subir a mí y cuando estaba caminando a la mitad, José chiquito dio un
golpe a la reja, y ésta tembló, perdí el equilibrio y me caí clavándome la
pierna izquierda... Felizmente me sostuve con mis dos manos de un extremo de la
reja, en ese preciso instante, llegó mi hermano José, y al verme me levantó en
peso y me saco de allí. Al rato se me encogió la pierna, estaba postrado en la
vereda, me salía poca sangre y estaba lamentándome de lo ocurrido (¡no
debí subir!). José uno de mis hermanos mayores, me decía:
— ¡Levántate Martín!
— No puedo José, me duele
mucho… en ese momento pensé, así le dolió a Jesús cuando lo clavaron en la
cruz…llore mucho del inmenso dolor…
Mis amigos con los cuales jugábamos fulbito, estaban
asustados… Y el tal José Chiquito ya no estaba…
Manuel mi hermano mayor, alto y flaco con lentes y Marcos
un amigo americano, más alto que Manuel de cabello rubio y de ojos azules,
vivía cerca, fueron corriendo a mi casa y desarmaron un escritorio de madera,
el cual mi papá Benjamín había armado. Entonces, esa parte del tablero del
escritorio hizo las veces de camilla, entre todos me cargaron y me colocaron en
la camilla y me llevaron a la casa.
En esa época mi mamá estaba muy delicada de salud e
internada en el Hospital del Empleado. Solo vivíamos con papá… el cual estaba
trabajando en ese momento.
Una vez ya en mi cama, mis amigos entraron a mi
dormitorio, todos preocupados. Y yo pedí que no le avisaran a papá… estaba con
mucho dolor…
Cayó la noche, mis amigos se fueron y llegó papá, un
hombre alto y gordo de carácter fuerte, pero en el fondo muy noble… me miró y
me dijo:
— ¿Qué pasó Martincito?
— No tenía palabras para
decirle la travesura que había hecho.
Como ya era tarde, al día siguiente, bien temprano mi
papá me llevó a la Clínica San Antonio de Chosica. me curaron y el médico dijo:
— Que me iba mejorar porque
no había comprometido algún tendón. Pasaron los días y anda con un palo de
escoba que hacía las veces de muleta.
Falte como un mes al Colegio, con el tiempo procure
cuidarme más y desde ese momento nunca más volví a subir a un muro de rejas. Me
quedo una cicatriz en mi pierna…que jamás olvidaré.


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