Las Aventuras de Akin
Akin, era
el hijo mayor de cuatro hermanos que vivían con su madre, una mujer de mediana
estatura y de grandes ojos azules como el mar. Akin “ Chico valiente” era alto,
de tez morena, fuerte, y muy responsable, él también se fue, en una caravana de
carretas por caminos muy complejos, abriéndose paso entre los bosques, llegaron
a otro pueblo, donde era habitado por enanos negritos poseían manos delgadas y
largas, esta característica les daba la habilidad de trepar arboles con
facilidad, también vivían de la agricultura y recolección de vallas silvestres
de color rojo, solo las encontraban en una isla para la cual tenían que navegar
en verano, porque era su época en la que más da fruto su árbol, ellos
almacenaban para el invierno estos frutos valiosos en una cueva de piedra que
ellos mismos habían construido, su pueblo también había sufrido de una gran
tormenta, que los dejo con todas sus casas destruidas y la mayor parte de su
población herida.
Los
enanitos les ofrecieron su ayuda a cambio que le construyeran mejores viviendas
para ellos. Y así emprendieron la gran misión, luego de una semana de
permanecer en el lugar las casas ya estaban listas para ser habitadas, los
enanos le dieron víveres y jarrones con agua a los habitantes de Sonajero.
De
regreso al pueblo, los viajeros hicieron una parada para descansar, Akin se
hecho a debajo de un árbol, haciendo que los demás hagan lo mismo.
Luego
de un par de horas, al despertar Akin, vio que todos ya no estaban y solo quedó
su carreta con las provisiones que había recibido.
Comenzó
a buscar las huellas de las carretas, pero no halló ningún rastro. Siguió
buscando y encontró un trozo de un jarrón en el camino, entonces gracias a esta
pista alisto su carreta, dio de comer a sus caballos y emprendió la vuelta a su
pueblo. Iba silbando una alegre melodía, y, en eso vio un perrito en medio del
camino, era blanco con manchas negras, se veía moribundo, entonces bajo de su
carreta y le mojo el hocico con agua, el perrito abrió los ojos y esbozo una
sonrisa. Akin sonrió, lo cargo y lo subió a su carreta.
Siguieron
el viaje Akin y el perrito, al cual puso el nombre de manchitas, más adelante
se encontraron con un viejo sentado en un tronco, con una gubia (herramienta
para tallar madera) estaba tallando un trozo de madera y convirtiéndolo en un
hermoso corcel.
— ¿Quién
eres tú?
— Soy un viejo artesano, vivo solitario y
vagabundo, me llamo Marmajin.
Era un
viejo solitario y le gustaba mucho viajar, tenía una gran barba blanca, de
mediana estatura, blanco y de ojos claros, vestía siempre un abrigo de cuero, un
sombrero de paja, y llevaba una alforja, donde guardaba celosamente sus
herramientas de tallar, una cantimplora, y usaba unas grandes botas de cuero
marrón.
— Y tú, ¿cómo te llamas? y ¿a dónde vas? —
Preguntó Marmajin.
— Me
llamo Akin y voy de regreso a mi pueblo, llamado Sonajero, si gustas te llevo
por el camino.
— Gracias,
eres muy amable.
Prosiguieron
su viaje, Marmajin le contó a Akin, que de niño trabajó con su padre que era
carpintero, fue él quien le enseñó a trabajar en madera, hago juguetes para
niños y los vendo en cada pueblo donde me hospedo.
Luego
de un largo tramo, Marmajin saco de su alforja una armónica y comenzó a tocar
una dulce melodía, esto hizo alegrar a Akin, y así el viaje fue más placentero.
Comentarios
Publicar un comentario